domingo, 21 de octubre de 2012

No hay palabras



Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe era también el animal preferido de otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un tamaño, un peso y una fuerza descomunales...Pero después de la actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y aunque la madera era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio sigue pareciéndome evidente: ¿Qué lo sujeta entonces?, ¿Por qué no huye?

Cuando yo tenía 5 o 6 años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Y entonces pregunté a un maestro, un padre, un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no huía porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia:"Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?". La verdad es que no recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca, y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta.

Hace algunos años, descubrí que por suerte para mí a alguien que había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño". Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantino empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él. Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar,  y al otro día y al otro...Hasta que un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa  porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que "no podemos" hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.

Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos:"No puedo y nunca podré".

lunes, 20 de agosto de 2012

Un beso


Un beso casual pero buscado. Un beso efímero pero eterno. Un beso inesperado pero deseado. Un beso robado pero apasionado. Sentir un escalofrío recorriendo tu cuerpo al sentir los labios del otro. Tu mente en blanco. Por unos segundos sientes que te fallan las piernas. Cierras los ojos, no necesitas verlo porque ya lo sientes. Te dejas llevar. No importa la gente caminando, ni si miran al pasar. Te agarra por la cintura, te sientes protegida, te sientes suya. Sí, eso suena bien: suya, tal vez no será por siempre, pero sí de momento, y es lo que importa. El momento.

Poder mirarte una y otra vez sin aprenderte nunca de memoria. Sorprendiéndome cada día al verte llegar. Y que las palabras sobren con nuestras miradas. Además, en la vida hacen falta hechos. Eso es, que seas capaz de demostrarme algo nuevo cada día. Que seas capaz de decirme te quiero sin pronunciar una sola palabra.

martes, 3 de julio de 2012

¿Y tú?

Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto:

1. A ponerse contento sin motivo
2. A estar siempre ocupado con algo 
3. A saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.

lunes, 21 de mayo de 2012

Aunque sea solo un rato, contigo quiero estar


Necesito pensar, aunque sea solo un rato, los pasos que me gustaría dar y los que jamás debo repetir para no volverme a equivocar. Pensar de verdad, sentarme tranquilamente y pensar. Necesito que alguien me diga que todo terminará, que algún día vendrá eso que me falta… que todo lo malo se va.

Ponte en mi lugar, aunque sea solo un rato. Dime que la suerte volverá, que las lágrimas se irán, que mis dudas respuestas tendrán, que algún día las promesas se cumplirán, necesito sentirte cerca, saber que estás.

No me tengas miedo, aunque sea solo un rato, porque solo intento que me comprendas. Quiero que consigas meterte en mi cabeza, que veas lo que he pasado y las razones de no quererte hablar.

Tan solo quiero que veas el miedo que me das y no pienses mal aunque sea solo un rato. Lo único que quiero es volverte a mirar y no sé si tú querrás. Porque lo mío no es ganar y tengo miedo de volver a fallar.

Imagínate una gran tormenta (lluvia, truenos, relámpagos, nubes negras, viento y en ocasiones granizo) en la que de momento todo se calma, las nubes se van y el sol vuelve a brillar. Pues así soy yo, y no quiero decir que eso esté bien, pero  aunque sea solo un rato tú consigues cambiar mi temporal. Tú consigues que todo vuelva a su lugar. 

Aquí tienes tu hogar

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Sé que a veces no me sientes a pesar de nuestra cercanía,  también que desearías más mensajes de amor y tal vez algún que otro beso al atardecer. Pero sabes perfectamente que si me lo pides lo tendrás, porque no te pienso fallar. Que tú y yo sabemos cómo es esta vida, cómo la vivimos cada uno y cómo la disfrutamos juntos.

Se para el tiempo. Contigo no existe el tiempo, porque no es necesario mirar el reloj, ver cómo pasan las horas que para mí se convierten en segundos. Y ya ves que con unos segundos de nada, consigues hacerme feliz.

No importa el lugar, tampoco las personas que lo ocupan, ni siquiera las que vemos al caminar. Pero sí me importa tu mirada, tus gestos, tus palabras y el tono que le das. Me importa tu expresión al reír y por supuesto tus ojos brillantes al llorar. Me importa que me llames cuando necesitas hablar y que me sepas escuchar. Me importan las “peleas” del pasado pero me gusta aún más el que ya no estén. El presente que vives, el futuro que quieres, las metas que te planteas, el camino por el que vas… Me importas tú.

Aquí tienes tu hogar, que aparentemente no es muy espacioso pero no porque esté muy lleno, pocas personas han podido entrar y algunas ya no están.  Es muy frío al entrar pero cálido si sabes aguantar. Tiene un intenso mirar, una vez fija su objetivo no es capaz de dejarlo marchar. No se rinde fácilmente y siempre debe llevar la razón. No acepta las injusticias. Ha sufrido mucho y por eso está cansado de luchar… Pero para ti siempre está.

De  momento es todo lo que debes saber; que aquí en mi corazón tienes tu hogar, que tu refugio siempre será, del cual no te podrán echar. 

lunes, 30 de abril de 2012

Todos los días de mi vida

Mi teoría es que esos momentos impactantes, esos destellos que ponen patas arriba nuestras vidas, son los que acaban definiendo quienes somos. La cuestión es que cada uno de nosotros es la suma de todos los momentos que hemos experimentado con todas las personas que hemos conocido.
...Un momento de amor total, físico, mental y de cualquier otro tipo de amor...
Pues esa es mi teoría, que esos momentos impactantes definen quienes somos. Lo que nunca me había planteado es si algún día no recuerdas ninguno de ellos.

domingo, 29 de abril de 2012

Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol gire, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.
William Shakespeare

jueves, 22 de marzo de 2012

No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

Walt Whitman

lunes, 12 de marzo de 2012

Una sonrisa que valga por dos


Una sonrisa, tan solo quiero volver a ver esa sonrisa mañanera. Tu sonrisa de compromiso y también la que te sale aún estando triste. La sonrisa pillina que te delata al mentir. Mi amiga sonrisa al darme besos. Que no se me olvide la que es única, la que solo me regalas a mí, esa sonrisa que compartimos. Pero no quiero seguir enumerando sonrisas, sin más rodeos la que más me gusta es la que me regalas al verme acercarme a ti poco a poco, con los brazos abiertos, para que siendo dos, seamos uno y para que nuestras sonrisas se cuiden unas a otras. 

Quiero volver a tener tu sonrisa en mi rutina, que no me falte ni un solo día, porque ahora tengo ansias de ella. Porque, no sé a ti, pero a mí no me vale con solo tenerlas un par de días a la semana, que yo las quiero 8 días a la semana 25 horas al día y por qué no a 70 minutos la hora. Todo puede ser, y yo quiero que así sea porque ya pasó una vez entre tú y yo.

Sé que mientras llegue esos momentos queda mucho por andar, pero de momento, y con gran esfuerzo,  puedo conformarme con que cuando me veas me des todas esas sonrisas que me debes, que las tendré contadas. Y que si te ves muy apurado ese día prométeme que me darás un vale el cual me haga un 2x1 como esos del Lidl, pero que el tuyo sea con el doble de sonrisas en un día. 

Y ya que me he puesto, que el día que mis sonrisas tengan el día libre tus sonrisas valgan por dos, que la tuya se haga mía.



miércoles, 29 de febrero de 2012

Albert Einsten

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas 

Que la muerte te acompañe

"Ser romántico no tiene nada que ver con cenar a la luz de las velas y recitar versos de Neruda bajo la luna llena. Eso es cursilería, pero no romanticismo. El verdadero romanticismo consiste en ser incoherente con alguno de tus principios, romperlos y traicionarlos de cabo a rabo, y hacerlo todo por amor a alguien."

El Banquete(Platón)



Porque la armonía es una consonancia; la consonancia un acuerdo, y no puede haber acuerdo entre cosas opuestas, mientras permanecen opuestas; y así las cosas opuestas, que no concuerdan, no producen armonía.

Bob Marley

“Tú dices que amas la lluvia, sin embargo usas un paraguas cuando llueve. Tú dices que amas el sol, pero siempre buscas una sombra cuando el sol brilla. Tú dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando el viento sopla. Por eso es que tengo miedo cuando dices que me amas.”

miércoles, 11 de enero de 2012

“Suelo contar a mis alumnos más jóvenes que la inteligencia humana se parece mucho al juego de póquer. Tanto en la vida como en el juego se nos reparten unas cartas que no podemos elegir. Genéticas, sociales, económicas, en un caso; naipes, en el otro. En ambos casos hay cartas buenas y cartas malas, y no hay duda de que es mejor tenerlas buenas que malas. Pero ahora viene la pregunta importante: ¿gana siempre quien tiene las mejores cartas? No. Gana quien juega mejor con las que tiene. Eso es lo que podemos hacer mediante la educación: enseñar a jugar bien. “ (Marina, J.A, 2010)